Ser Hija de Sixto Valencia.

Por Mónica  Valencia.

“Sinceramente espero que el fin de mi existencia no me sorprenda repentinamente sin realizar aun un par de proyectos ya muy avanzados, pero si así está escrito, me daré por bien servido si algún día me recuerdan como un dibujante que brindó su arte para el sano entretenimiento a las familias de varias generaciones de américa latina y que aportó un gran legado cultural a su querido México”.

“Estoy culminando mi trabajo en la historieta con grandes honores. Gracias a mi familia, gracias a mis colegas, gracias a mis amigos, pero muy especialmente gracias al público por su aceptación a este dibujante hidalguense que a través de sus garabatos, siempre quiso hacer más agradable y divertida la lectura de las historietas”.

Memín es Sixto Valencia

Fragmentos del discurso de Sixto Valencia Burgos, creador gráfico de Memín Pingin ante el público que abarrotó el Auditorio Juan Rulfo en la entrega del premio “La Catrina” en la Feria Internacional del Libro, el 6 de diciembre en Guadalajara, Jal. Año 2014.

Muchas han sido las muestras de admiración, afecto y cariño hacia Sixto Valencia Burgos, en los recientes meses, entre las personas que se han acercado a la familia manifestando su simpatía hacia mi papá, hay una un comentario generalizado en el que casi siempre dicen: “yo aprendí a leer con Memín Pinguin, porque quería saber que decían sus monitos”. Este tipo de comentarios siempre me han llenado de orgullo, porque ni José Vasconcelos pudo tener una campaña de alfabetización tan exitosa, como lo logró Sixto Valencia con sus dibujos en una revista semanal a partir de los años sesentas, filas humanas se hacían en el puesto de periódico para comprar o para alquilar ese número y sentarse en la banqueta a hojear las 32 páginas mientras se reían por el contenido de ese ejemplar. Así de simple y divertida fue la infancia de la gran mayoría de adultos mayores de 40 años en nuestro país y de gran parte de américa latina, nuestra niñez estuvo acompañada de las historietas, pero en especial de las aventuras de este negrito simpático y guapetón con su voluptuosa y amorosa Ma’linda, además de un inseparable cuarteto de amigos que fomentaban valores y buenas costumbres. Es cierto que Memín fue el personaje más destacado en la trayectoria de Sixto Valencia y que lo catapultó hacia el éxito y múltiples reconocimientos, pero el master Valencia es mucho más que Memín.

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A un año de distancia en que partió al Olimpo de los artistas, la emoción aún me embarga y no puedo evitar el dolor que me provoca su ausencia, sin embargo he tenido que aprender a vivir sin él, sin sus largas conversaciones, sin su singular sentido del humor y es difícil evadir esta pregunta: ¿qué se siente ser la hija del maestro Sixto Valencia? y mi respuesta es cada vez más extensa porque hay mucho que decir de él, y sólo diré lo siguiente: Tuve la fortuna de vivir en un ambiente poco común en donde el estudio de un genial artista de inagotable imaginación, era parte de mi casa y mi campo de juego, fue el estar muy de cerca con un hacedor de fantasías, un contador de historias en cuadritos secuencials, de poder presenciar en primera fila, el cómo hacía magia con lápiz, pincel y colores convirtiendo cartulinas blancas en obras de arte.

Ser la hija de Sixto Valencia es sentir un gozo al nombrarlo, al describir cada obra que realizó, es iluminar mi existencia al decir que él es el creador gráfico de un ícono de la historieta, es haber sido un testigo de su talento y ver cómo día a día, se convertía en una leyenda dentro de la historia de nuestro país y más allá de las fronteras.

Ser hija de Sixto Valencia es darle un luminosidad especial a mi mirada, porque aún mis ojos se vuelven más acuosos al hablar de él, y la sangre me fluye diferente por la emoción al extrañarlo en cada momento y no poder evitar que me invada esa involuntaria necesidad de ver su menudita figura ataviado de un elegante traje y sombrero que hacían el perfecto match adornado siempre con esa sonrisa que resplandecía el lugar.

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Ser la hija de Sixto Valencia, es tener el gran compromiso social de mostrar su trabajo, su acervo, de publicar sus obras inéditas, de hacer muestras y exposiciones con obras que superan por mucho a Memín Pinguin, es luchar día a día por mantener su memoria y su legado presentes. De dar a conocer que él fue el responsable gráfico de muchas de las historietas en México y creador de personajes como Coyotzin, Maderito, Balam, Tucúr, El Dr. Simi, por mencionar algunos.

Ser la hija de Sixto Valencia es vivir eternamente agradecida con él y con la vida por todos los valores que me inculcó y por todas las virtudes que generosamente compartió con todos los que lo rodeamos.

Ser hija de Sixto Valencia es un privilegio único e irrepetible, porque además de ser un artista creativo e inagotable, era el mejor compañero de juegos en mi niñez, el más ameno narrador de anécdotas, el hombre mil usos que resolvía todos los problemas, mi mejor pareja en el domínó, el más atento a mis días grises, así como el que más celebraba mis días de gloria, el mejor compañero de viaje, el más paciente de los mentores y el más silencioso al no emitir su opinión y pensamientos por la gran desilusión ya que nunca superé la clase bolitas y palitos.

Ser hija de Sixto Valencia, es creer en el destino, porque solo algunas personas llegan a ser personajes que alcanzan la cima de la fama y el éxito, personas extraordinarias que trascienden, que dejan profunda huella entre su familia, amigos, colaboradores, seguidores y en la historia de un país.

Ser la hija de Sixto Valencia es valorar su empeño y esfuerzo, el respetar su trabajo, la responsabilidad de cumplir (aún con desvelos y a marchas forzadas) con el programa de entrega en la editorial, del trabajo artesanal que eran 32 láminas más una portada semana tras semana. La perseverancia por realizar lo que le gustaba a pesar de los muchos intentos de parte de su familia para desviarlo y que se dedicara a otra actividad, él siguió en el camino hacia el mundo de las historietas perfeccionando sus trazos, dominando la anatomía, la caricatura y todas las técnicas de dibujo conocidas, antes de la tecnología digital, y también perseverancia con mi mamá ya que le tomó unos cuantos años en conquistarla logrando formar una familia y un sólido matrimonio de 55 años.

Ser hija de Sixto Valencia es entender el verdadero significado de la palabra humildad y la sencillez, ya que nunca negó sus orígenes, sentirse orgulloso por haber superado grandes problemas económicos por pertenecer a una numerosa familia campesina, que se trasladó de un municipio de Hidalgo a probar suerte a la ciudad y desempeñarse en oficios varios, como carpintero, molinero, sparring de un boxeador, vendedor de canastas en el mercado de San Juan, vendedor de suéteres en la Lagunilla, mesero de un restaurante francés, office boy de una aseguradora, caricaturista en el Tenampa de Garibaldi y más adelante burócrata en la Secretaría de Salud,

Ser hija de Sixto Valencia es tener la más profunda admiración a su dedicación desmedida por el trabajo, por esa desbordada pasión a su colección de historietas y libros, al apego de una disciplina inquebrantable porque todos los días dibujabas con o sin presión, a esa paciencia infinita para enseñar lo adquirido a través del tiempo, corrigiendo errores a tus decenas de discípulos, a ese espíritu férreo por el reconocimiento autoral y en alcanzar la justicia en el campo del derecho de autor, en ser bien remunerado el trabajo de un artista, en el notable liderazgo ya que poseía ese don de convocatoria para hacer equipos, sociedades, cooperativas, con el propósito de tener un bien común. en mantener esa brillante mente activa y sus manos prodigiosas dibujando sin parar hasta el momento que el corazón lo traicionó.

Sixto Valencia no era de decir te quiero, pero no era necesario, fue feliz y nos hizo felices, contagiaba alegría con esa jocosa sonrisa, nunca habló mal de nadie, no existió en su glosario personal la palabra odio, envidia, codicia o avaricia, al contrario fue sumamente generoso porque nos regaló diversión y entretenimiento en cada trazo.

Ser la hija de Sixto Valencia, es haber tenido un súper héroe personal, una estrella brillante que me guía, es haber vivido un mundo altero, tener una historia diferente, tener un papá inmortal.

Super Sixto